Guillermo Sáenz Patterson (1944)

Oda al marques de sade (amanecer)

Hoy te levantaste con tu predilecto ojo púrpura,
era blanca la sábana de la amargura
y el horizonte de la pureza
teñía tu mirada de rictus oxidados.
Era el barrote, era la prisión, era el asilo
de las algas pegajosas como silencios de aves muertas.
En este minuto desvestido, ¡Sade!, Te quise.
Tus extrañas manos eran tentáculos
de islas olvidadas,
pájaros negros pasaban sin delirio,
todo era cansancio de espigas
sin respuesta. Las ostras abrían su carcomido
número de oficinas, y las medusas de las rocas
eran sirenas con añil púrpura en los labios.

¡Cuanto olvido!

¡Cuánta bajeza escuchaste de los ojos enrojecidos!
En tu cerebro aullaba un lobo herido,
y su pene de cicuta
golpeaba las madréporas de los lagos podridos.

¡Cuánto pantano había en ti!
¡Cuánto nenúfar de oloroso incienso
gastaba  las mentes de los gritos!
Mas era la mañana de licor,
y delirio menstrual, tu sexo
se sobreponía a los tumbos del alma.
Vencido como las serpientes al acecho,
tu diente clavó el oxígeno de las cataratas.
¡Cuatro monjas azules te sujetaron!
¡Sade!, ¡Sade, cuánto te quise!

Es la hora del ojo negro,
es la hora donde la sangre y el reloj,
anuncian la terrible campanada de la tortura.
La sonrisa impasible se enmudece,
los miembros se trenzan en la noche sin espinas.
¡Aurora es la indicada!, ¡Aurora es la vestal!

Los grillos suenan, la puerta de hierro fundido se abre.

¡Sade!, eres el demacrado de las primeras horas.

 

Pájaros del Abismo

Hoy te levantaste en la noche terrible.
Pero la alegría del vivir era más fuerte que la muerte.
Como un cuchillo pasaba el viento.
Y miraste al mar como se mira a un niño.
Cada ola levantaba tu paso
y al caminar ángeles volaban.
Muerte ingrata que te posesionas de la vida;
¡dejadlo ir!
Toda inocencia perdura en los ojos.
Fue una noche terrible, fue un golpe de la existencia,
fue un golpe bajo
como los que da la madrugada.
Pero la luz toque el amor
y todo lo que pasa tiene su infierno.
Dar un poema como recibirlo
tiene su castigo.
Por eso te escribo a ti
como se escribe con el fuego.
Parten los que amaron,
jóvenes como siempre y héroes.
En este crepúsculo pasas a mi lado
sonriendo de agonía.
Un relámpago fue tu existencia,
un relámpago perdurable y milagroso.

 

*

Guillermo Sáenz Patterson (San José, Costa Rica, 1944). Poeta y ensayista. Ha publicado: El Caminante y Otros Soles, Poesía 1972; Consideraciones sobre la literatura y la democracia costarricense,  ensayo 1972; De lluvia y sol, ensayo, 1972; de luz y eternidad, poesía, 1983; Cósmica Luz, poesía 1983;  Narciso o la transfiguración del ángel, poesía 1984; Poemas a Lucrecia, poesía 1985; Aurora de la rosa, poesía, 1989;  Laberinto de la estrella, poesía, 1991; Para Noxia, poesía 2006. Ha sido incluido en diferentes antologías nacionales. Poemas, relatos y ensayos críticos de su autoría, se publican en revistas y suplementos literarios de diversos países.